Vamos a compartir la experiencia del traslado a Barcelona y la gran lección que hemos aprendido en la vida.
Las personas que han hecho una mudanza alguna vez saben lo estresante que puede llegar a ser y lo agotador a nivel físico y emocional. De hecho los psicólogos califican la acción de mudarse entre las 3 situaciones que nos generan más estrés.

Pero nosotros no deseamos quedarnos sólo con la experiencia en sí, sino que la estamos sacando el “jugo” del aprendizaje que lleva dentro.
La lección que estamos aprendiendo es sobre el apego a las cosas.

Nos hemos dado cuenta que teníamos vínculos más fuertes de lo que pensábamos con cosas materiales. En realidad es nuestro ego el que se aferra a lo material y sufre cuando lo va a perder porque se identifica con ello.  Esto es el apego egóico. El ego se aferra a las cosas creyendo que las vas a tener siempre, que le van a dar seguridad  que le van a hacer feliz, y finalmente le darán sentido a su vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida, sufres y no aceptas el “dejar ir”.
Este apego a lo material se transforma en una amenaza latente que desestabiliza nuestra paz interior y no nos deja evolucionar.

Hay que admitir que todo es temporal, y no podemos aferrarnos a que el pasado vuelva sencillamente por guardarlo todo. Hemos llegado a la conclusión que en la tierra sólo somos administradores de lo material. Nada es realmente nuestro, lo usamos y al morir otros lo usarán. El secreto está en disfrutar de las cosas, cuidarlas y ser muy agradecidos.

Aferrarnos a lo material no nos hace libres sino esclavos, porque vivimos con miedo a perderlo. Dicho de otra manera, lo que posees con apego te posee.
Esto no quiere decir que debemos abandonar todo lo que poseemos, sino hacer una reflexión profunda y preguntarnos si necesitamos todo lo que tenemos y acumulamos.

En los tiempos que corren la conocida frase de Abraham Linconl cobra más sentido que nunca. Él decía que “muy a menudo amamos las cosas y usamos a las personas”  y aunque debería ser al revés, la frase no puede ser más cierta.

Vinimos a este planeta, desnudos, sin maletas, sin experiencias, sin posesiones. Lo que nos enseña la vida es que nos vamos a ir de este planeta igual que vinimos, sin maletas ni posesiones, solo nos llevamos la experiencia vivida y la huella que hemos dejado en la memoria de nuestros amigos, familiares o en la sociedad. Entonces, por qué razón nos aferramos a eso que no podrás gozar en tu lecho de muerte, por qué razón ese sufrimiento por algo que un día seguro te va a ser arrebatado. ¿No es más simple gozar de lo material y de las personas teniendo la plena consciencia de que nada nos pertenece, que todas y cada una de las cosas cambian y ninguna es permanente?.

Andoni&Noemi
YUME