LA SOBREPROTECCIÓN

LA SOBREPROTECCIÓN

Lo primero que voy a hacer es esclarecer qué es la sobreprotección y qué no es, con la intención de que nos concienciemos de lo importante y determinante que es este constructo en el desarrollo de nuestra primera infancia y consecución  en adultos plenos, sin traumas ni secuelas psicoemocionales.

En ningún momento mi intención es entrar en juicios contra los padres, cuidadores, educadores o cualquier otra persona que esté a cargo del cuidado y educación de los pequeños.

Lo que sí es: ir más allá de cubrir y satisfacer las necesidades básicas del pequeño, tomar decisiones por él, solucionar todos sus problemas, no dejar que cometa sus propios errores.
En definitiva,  es enseñarle el mundo desde la visión de nuestras gafas y sistema de creencias cortándole la iniciativa en la evolución de sus propias ideas. Intentando en muchos casos cubrir carencias propias,  permitiendo que se conviertan en una extensión del ego paterno/materno. Una especie de «mini-yo» al que elogiar en el trabajo o en las redes sociales.

Estas son algunas de las creencias disfuncionales de los padres que ejercen sobreprotección. Ellos piensan desde la mejor de sus intenciones, que de esta manera van a ayudarles con su autoestima e incluso con su salud mental, deduciendo que al evitarles disgustos y frustraciones,  van a ser más felices porque la vida se les presenta en un terreno llano y sin curvas.

Como resultado,  las consecuencias que pueden presentarse son: baja tolerancia a la frustración, miedos, personas dependientes, baja autoestima, no desarrollo de las capacidades personales, etc..

Lo que no es: mimar, amar, cuidar, motivar, enseñar, acariciar, comprender, apoyar, empoderar, dialogar en vez de echar la bronca, hablar en vez de gritar, escuchar sus problemas y buscar soluciones conjuntamente, explicar porque no debería haber hecho algo en vez de castigar directamente. Todo esto sin duda no es “sobreproteger”, es amar, educar y  tratar de transmitir valores sin fecha de caducidad.
En conclusión, la felicidad en la niñez no consiste en tener una vida fácil, sino plenitud afectiva, capacidad para superar los retos de todo tipo que se presenten, y sobre todo ser consciente del éxito real, (no ficticio) en dicha tarea. La misión de los padres/educadores no es sólo criar niños felices, sino también formar futuros adultos responsables y sobre todo coherentes.

Os recomiendo la lectura de este artículo que explica de forma brillante, breve y concisa este constructo que tantos dilemas nos crea en nuestra sociedad actual: leer artículo.

Espero que esta reflexión os resulte interesante y nos ayude a tomar consciencia a la hora de criar niños más sanos y felices emocionalmente.

Gracias por leernos.

Noemí Primo Albert
PsicoMúsicoTerapeuta
www.yumemusic.es