SOMOS ADICTOS A LAS EMOCIONES

SOMOS ADICTOS A LAS EMOCIONES

Según el neurocientífico Joe Dispenza nos dice que hay cosas que nos cuesta muchísimo dejar de hacer: “no vuelvo a gritarle a mi hijo”, “no vuelvo a comer desordenadamente “, «no vuelvo a enfadarme con mi madre», no vuelvo a.., etc.

¿Qué nos hace estar atados a este ciclo de dolor y sufrimiento?. La mente adicta. Además de volvernos adictos a una sustancia química, también podemos volvernos adictos a los químicos que segrega nuestro cuerpo cuando siente una emoción.

Las neuronas tienen pequeñas ramificaciones que se extienden  y conectan con otras neuronas para formar lo que se conoce como una red neuronal. En cada lugar donde se conectan se incuba un pensamiento o un recuerdo. Fisiológicamente las células nerviosas se extienden y conectan entre si,  y si algo se practica a diario y por tiempos prolongados las células nerviosas como respuesta establecen una relación a largo plazo.

Si te frustras y enfadas diariamente, vas creando sin darte cuenta esa relación con otras células nerviosas que modelan una identidad y así poco a poco se crea el hábito o la adicción. Para ser exactos son los mismos mecanismos cerebrales que nos hacen consumir las drogas, el tabaco o el alcohol. De esta manera podemos darnos cuenta que si podemos ser adictos a la droga, es fácil también ser adictos a cualquier emoción.

Además en nuestro cerebro existe una pequeña glándula llamada hipotálamo que es la responsable de regular las actividades básicas del cuerpo como el hambre, la sed, el deseo sexual y la temperatura. En el hipotálamo hay pequeñas cadenas de proteínas llamadas péptidos que convertimos en neuropéptidos o neurohormonas. Es como una mini fábrica donde se producen ciertas sustancias químicas que corresponden a ciertas emociones. El hipotálamo fabrica químicos para la rabia, para la tristeza, la alegría hay una sustancia química para cada estado emocional que experimentamos. Cuando este químico llega a los diferentes centros o partes del cuerpo cada célula del mismo recibe encantada a ese químico. Siguiendo a la Dra. Candace B. Pert (autora del libro “Molecules of Emotion”), cada célula tiene miles de receptores y cuando un péptido se conecta a una célula es como una llave que entra a una cerradura y se activa.

Cuando repetimos una acción constantemente las células van creando una memoria y es por eso que atraemos situaciones, deseadas o no,  a nuestras vidas para saciar el apetito bioquímico de dichas células y cubrir esa necesidad química. El adicto (podemos ser cualquiera de nosotros), siempre necesita un poco más de esta sensación o emoción para alcanzar el estado de euforia o la reacción química que busca.

“LA SOLUCIÓN”

Reconocer que somos adictos a la ira, al llanto, al miedo o la pena, nos abre una nueva perspectiva en la que la práctica constante y disciplinada de la meditación y la respiración consciente puede ayudarnos a observar nuestros pensamientos y a controlar nuestra mente. Cuando meditamos somos el observador y estamos ayudando a nuestro cerebro a crear nuevas conexiones entre sus células, es decir abrir nuevos caminos y así poder liberarnos de las emociones adictivas.

La buena noticia es que también podemos llegar a ser adictos a la felicidad, alegría, armonía, amor… La clave radica en expresar y no ocultar los buenos sentimientos y emociones positivas. Así que empieza ahora mismo a sentir emociones positivas, celebra cada cosa por pequeña que sea. Poco a poco, tu cuerpo empezará a desear ese maravilloso estado. Y recuerda que cuando nuestras células están felices, nosotros también lo estamos.

Gracias por leernos.
Noemí Primo